La traducción como afición
Tal vez esta entrada pueda recordar unpoco a la anterior: Soy traductor de Facebook y Twitter, y razón no os falta, pues con esto vengo a darle una segunda vuelta de tuerca al asunto: la banalización de una profesión.Con esto de la globalización y el mundo compartido y uniforme se han puesto muy de moda las páginas multilingües. Desde mi punto de vista; es una idea genial ya que no solo das a conocer tu contenido a un público más amplio y extenso, sino que además saltas la barrera del lenguaje a la hora de compartir información.
Todo sería más perfecto aún si esto no estuviese potenciando el desarrollo de aplicaciones de traducción tanto automática como voluntaria y lo que es más aún: el desarrollo de aplicaciones de revisión. La excusa que muchos blanden como pretexto a esta revolución traductológica es la afición por la traducción y las lenguas, no obstante creo que hay ciertas cosas que no se deben dejar a aficionados.
Dicen que no se puede confundir la velocidad con el tocino y aunque unos científicos turolenses encontraron esa relación, lo que no se puede hacer es considerar para fines profesionales una afición. Siempre se pone el típico ejemplo del médico del que no te fiarías para una operación si no tiene un título, pero no hace falta ser tan drástico, para el cátering de una boda queremos profesionalidad, para que nos lleven con el autobús a nuestro destino pedimos profesionalidad, cuando compramos ropa la queremos de calidad... entonces, ¿por qué para una traducción se confía en los voluntarios por afición? La respuesta inmediata es la económica: últimamente se está trabajando para lograr un retroceso en los derechos del trabajador y una esclavitud olvidada, así que se quiere todo barato sin preocuparnos por la calidad, no obstante, cuando invertimos en nuestro negocio o nuestras compras queremos caliad, ¿por qué con la traducció no?
Esta opinión va más dedicada a aquellas personas intersadas en contratar un servicio de traducción y/o corrección. Trato de indicarles no que la calidad cueste, sino que las traduciones cuestan lo que indica el traductor y las correcciones lo que indica el corrector. También llamo a los traductores que empiezan a hacer negocio y buscar clientes, para que no caigan en los voluntariados abusivos o en el rebaje de sus precios hasta un punto de pagar por trabajar, ante todo somos profesionales.
Por otro lado está la situación del "anda, tú que sabes, mírame esto". El otro día me vino alguien diciendo que ya que yo era traductora, ella estaba haciendo una traducción a la empresa del amigo de un amigo y que si yo podía mirarle lo que estaba traduciendo para ver si estaba bien. Obviamente yo le dije que eso se llama corrección y por esos servicios yo tengo unos honorarios. Acto seguido se ofendió y siguió con su traducción de aficionada. Creo las personas no se deberían sentir ofendidas porque no te quieras ofrecer voluntaria a revisarle una traducción de 10 páginas por las que ella va a cobrar como profesional siendo aficionada y tú no.
Por lo tanto y en resumen, defiendo que la gente tenga aficiones tan interesantes como la traducción al igual que se pueden tener muchas otras: la escritura, la medicina, la fisioterapia, la costura etc. pero hasta que no se es un profesional de ese campo convirtiendo esa afición en un trabajo adecuado: no se puede intentar suplantar a los que realmente son profesionales.
Creo que este es un tema de bastante debate y controversia, así que como siempre se agradecen los comentarios y la difusión :) Feliz fin de semana a tod@s.


